
Oscar Olivera con periodistas. Tom Kruse.
Dirigente de la Federación de Trabajadores Fabriles de Cochabamba y portavoz de la Coordinadora de Defensa del Agua y la Vida
Oscar Olivera Foronda nació en Oruro, hace 48 años. Desde niño, al igual que sus 10 hermanos, tuvo que trabajar para apoyar al sustento de su familia. En la escuela fue un alumno sobresaliente así como un buen deportista; además fue experto en hacer masitas para vender, junto a su madre, cerca de los centros educativos. Por una dolencia en el corazón, los médicos le diagnosticaron que no iba a vivir más allá de los 22 años; pero, así como ese obstáculo, tuvo que vencer otros a lo largo de su vida.
Oscar fue monaguillo de una iglesia católica, estudió una carrera técnica, trabajó en varias fábricas, fue despedido por sus ideales y antes de ser dirigente fue mensajero de la Central Obrera Boliviana (COB).
En 1979 asume su primer cargo en la Fábrica Manaco, ingresa a la actividad sindical, compromiso que hasta hoy marca su vida. Ese año fue nominado como delegado del Sindicato de Trabajadores de la Manaco, otrora la fábrica de calzados más importante del país y una de las organizaciones sindicales más fuertes del movimiento obrero en su conjunto.
Durante los dos años sangrientos de la dictadura de Luis García Meza (1980-1982) pasó a formar parte del Comité Clandestino de Bases del Sindicato Manaco; junto a otros dirigentes sindicales y políticos estuvo perseguido, pero supo burlar la represión policiaco-militar.
Por su perseverancia sindical, combatividad política y claridad ideológica ascendió en diferentes cargos al interior de su sindicato, hasta que en 1987 ocupó la secretaría general de la Manaco.
Reconocido por la mayoría de las federaciones del territorio boliviano, entre 1989 y 1990, fue el máximo dirigente de la Confederación de Trabajadores Fabriles de Bolivia (CTFB) y desde 1993 hasta la fecha -durante diez años consecutivos- es el secretario ejecutivo de la Federación de Trabajadores Fabriles de Cochabamba (FTFC).