
El Ángel, Ecuador. Patricio Mena Vásconez.
Dadora y tomadora de la vida, elemento esencial de la existencia e implacable destructora, expresión espiritual de pureza y proveedora de aflicción, causante de bendiciones y tragedias, agente de discordia social económica, política.
El agua es todo eso... (T. Page)
Sabemos que la Tierra contiene aproximadamente 1,4 millones de kilómetros cúbicos de agua y que cerca del 97,4 por ciento de ella es agua de mar o agua salada. Alrededor de tres cuartas partes del 2,6 por ciento restante están congeladas en casquetes polares y glaciares, lo cual significa que para el aprovechamiento humano queda el 0.01% del total.
El agua es utilizada principalmente en la agricultura – 69%, la industria – 23% y el consumo doméstico – 8%. Los economistas del siglo XVIII concibieron el agua como un recurso ilimitado, hoy existe la preocupación por una administración de los escasos recursos hídricos de manera equitativa, sostenible y ética. Así la discusión sobre el agua ha mudado del concepto de “recurso” al de “sistema hídrico”. El agua significa hoy en día vida, trabajo, cosecha, energía, salud y también puede significar guerra, inundación, muerte, violencia. Sus implicaciones abarcan campos desde la salud y la alimentación hasta el medio ambiente y la gobernabilidad.
En la mayoría de reflexiones acerca de este recurso o sistema, pensamos en los usos del agua, pero no preguntamos ¿de dónde viene?, ¿existen personas o comunidades alrededor de estos sistemas hídricos?, ¿qué relación tienen estas comunidades con el agua?, ¿cómo es el crecimiento y desarrollo de las poblaciones humanas alrededor de los sistemas hídricos?, ¿son atendidas las necesidades, los intereses y las creencias de aquellos a quienes concierne un sistema?.
América del Sur posee más del 30% de los recursos hídricos renovables del planeta: la Cuenca Amazónica, el Sistema Acuífero Guaraní, la Cuenca del Lago Titicaca, entre otros. Estos sistemas proveen servicios ambientales globales como captura de carbono, producción y conservación de biodiversidad, etc.. Sin embargo, las agendas de cooperación tienen la mirada puesta en Africa y Asia, por lo tanto la inversión en prevención y conservación de los recursos hídricos sudamericanos es insuficiente.