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La Minga y el Humedal Laguna de La Cocha, una misma gota
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El Humedal Laguna de La Cocha1 -HLC- es un área natural con una superficie de 39.000 hectáreas. Abarca un complejo lagunar, páramos y humedales circundantes, constituyendo un excelente ejemplo sobre buen gobierno, participación y manejo efectivo de recursos naturales. La última fuente de la laguna, el primer manantial, la postrer gota de agua, parece haber permeado sus habitantes: su proyecto de vida es inspirador en términos de la amigable simbiosis entre conservación y medios de vida mediante procesos comunitarios participativos que propugnan por equidad y una justa distribución de beneficios.

El Humedal localizado en los Andes al sur oriente de Colombia, forma parte de la cuenca alta del río Guamués y también de un corredor biológico que se extiende hasta el norte del Ecuador. Este río, desagüe de la laguna de La Cocha, es el principal afluente del Putumayo, cuya cuenca alta ha sido reconocida como una de las regiones del planeta más ricas en biodiversidad y endemismo, especialmente en aves, anfibios, plantas leñosas y orquídeas.  

La Laguna de La Cocha, situada a 2.750 metros sobre el nivel del mar, fue habitada por los Quillasingas y los Mocoas. Su espejo de agua cubre cerca de cuatro mil hectáreas y capta unos 1.500 millones de metros cúbicos de agua. Fue un lugar sagrado, mágico y escenario de importantes rituales culturales. Los primeros campesinos colonizaron la región a comienzos del siglo XX: extendieron la frontera agrícola y explotaron los recursos en las cercanías de la laguna. Este proceso tuvo mayor dinamismo en la década de los 70 por el inicio de la vía que une los Andes con el Putumayo. Muchos de los colonos, sin tradición agropecuaria, se dedican a la explotación forestal selectiva y a la producción de carbón vegetal. Aquellos dedicados a la agricultura fueron obnubilados por la “revolución verde”: expansión de la frontera, prácticas ganaderas, uso de agroquímicos, y unificación de cultivos. Estas dos formas de aprovechamiento del entorno condujeron inexorablemente a la erosión de los suelos, la pérdida y contaminación de fuentes de agua, y la disminución de caudales.

En el año de 1977 se crea dentro de la laguna un Santuario de Flora (figura de protección del orden nacional) para proteger las cuatro hectáreas acuáticas y las doce hectáreas terrestres de la Isla de la Corota. Desde entonces algunos campesinos y reconocidos líderes comunitarios de esta zona iniciaron un proceso en busca de alternativas económicas, mismas que les permitan no migrar, sino permaneciendo en la región mejorar su calidad de vida. Por esta razón y para hacerle frente a la devastación natural, económica y socio-cultural, nace en 1980, la Asociación para el Desarrollo Campesino, ADC.

Desde aquella época ha existido una permanente interlocución entre la Asociación y los custodios del área protegida. Alineados en la misma senda, compartiendo desafíos, encontrando sinergias y estableciendo complementariedades, en una larga alianza conservacionista. Todo el equipo del Santuario es local, la Jefa ha tenido continuidad en su gestión, y el proceso de esta organización campesina ha nutrido el equipo de trabajo del Santuario con personas comprometidas con la conservación y la posibilidad de mantener su forma de vida, valorando al individuo, la comunidad cultural y el entorno. Son procesos indisociables, el proceso alrededor de la laguna y la gestión institucional de la isla tienen muchos protagonistas en común, han escrito una misma historia.



 

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